Blog con el ideal de ofrecer información de base (atemporal) sobre tres temáticas claves: 1) el imparable crecimiento de las energías renovables como único camino posible hacia un sistema energético sostenible 2) el ahorro y la eficiencia como parte fundamental de ese camino 3) la dificultad cada vez más actual del cambio climatico y del pico del petróleo o seguridad energética.

jueves, 6 de septiembre de 2012

LIBRO NUESTRO VENENO COTIDIANO

Solo hace 20 años que conocemos a unas sustancias a las que los científicos llamaron perturbadores endocrinos o disruptores endocrinos. No es que dichas sustancias acabasen de inventarse y fabricarse (ya llevaban muchas más décadas con nosotros), sino que se descubrió su capacidad de engañar a las células de nuestro cuerpo, como si fueran esas señales químicas que llamamos hormonas.

La lista es larga, y sus consecuencias también. Recuerda bien su nombre, porque oirás este término muchas más veces, ya que estamos ante unas sustancias que tienen la capacidad de afectar a nuestro organismo, en dosis infinitamente pequeñas (tan pequeñas, que no existe una dosis segura), rompiendo así el principio básico de la toxicología del siglo XVI: “solo la dosis hace el veneno”.



Sin embargo el sentido de este post, no es explicar todo esto, sino tan solo recomendar la compra del siguiente libro, en el cual por ejemplo a estas sustancias, dedica un tercio de sus páginas.


Para que te decidas o no, en leer este libro (de difícil lectura, aviso, por su abundante documentación), te sugiero que primero te leas los cuatro pasajes que he seleccionado y copiado textualmente para ti, para que te hagas una idea.





NULA REGLAMENTACION

Pag 252-256

... decidí llamar a la puerta del CIRC, un organismo creado en 1965 a iniciativa del presidente Charles de Gaulle e instalado en Lyon. Dependiente de la Organización Mundial de la Salud, la institución se volvió después una referencia internacional en el dominio de la cancerología porque está encargada de redactar las famosas «monografías», estos documentos oficiales que clasifican los productos químicos en función de su potencial cancerígeno. Para ello, los expertos examinan la literatura científica concerniente a estas sustancias, a saber, todos los estudios publicados en las revistas científicas. La clasificación comprende tres niveles. El grupo 1 es el de las moléculas «cancerígenas para los seres humanos»: se trata de una categoría excepcional, ya que para que una molécula sea inscrita ahí hay que disponer de datos epidemiológicos, lo que, como hemos visto es muy difícil de obtener. En 2010 solo ciento siete moléculas estaban clasificadas en el grupo 1, como el amianto, el benceno, la bencidamina, la beta-naftilamina, la dioxina, el formaldehído, el tabaco, la ciclosporina o el gas mostaza, por citar solo sustancias ya mencionadas (la píldora anticonceptiva también pertenece a este grupo).

A continuación vienen las del grupo 2 A, «probables cancerígenos para los seres humanos» (en 2010 eran 58) y las del grupo 2 B, «posibles cancerígenos para los seres humanos» (249), que caracterizan a unas substancias para las que existen algunos datos epidemiológicos y animales más o menos significativos. El grupo 3 (512 moléculas) designan unas sustancias «inclasificables», sobre las que no es posible pronunciarse con relación a los datos disponibles, dispersos e insuficientes. Por último, el grupo 4, «probablemente no cancerígenos para los seres humanos» solo contaba en 2010 con una sustancia: la caprolactama (compuesto orgánico utilizado en la síntesis del nailon).

De unos 100.000 productos químicos que han invadido nuestro entorno desde la Segunda Guerra Mundial, solo 935 han sido evaluados por CIRC, que en 1971 lanzó su «programa de monografías» Es muy poco. Y por supuesto, fue la primera pregunta que pregunté a Vincent Cogliano, un epidemiólogo estadounidense nombrado director del programa 2002, cuando tuve un encuentro con él en Lyon en febrero de 2010.

- En treinta anos de ejercicio, el CIRC solo ha establecido 935 monografías, ¿por qué tan pocas? – Le pregunté.
- La respuesta es muy simple ya que hay que saber que de los 100.000 productos que usted ha mencionado, solo unos 2000 o 3000 han sido testados desde el punto de vista de su potencial cancerígeno. Por siguiente, nuestro programa ha cubierto un tercio ...
- ¿El hecho de que un producto químico no haya sido clasificado por el CIRC significa que no es peligroso?
- ¡No, de ninguna manera! En general significa que nadie ha estudiado sus potenciales efectos cancerígenos. A veces se ha testado, pero todavía no hemos programado su evaluación.
- ¿Qué consecuencias tiene una clasificación en el grupo 1? ¿Provoca eso una prohibición del producto?
- ¡En absoluto! Simplemente quiere decir que el CIRC ha reunido a un grupo de expertos que, en vista de la literatura científica publicada, han decidido que la sustancia estudiada era cancerígena para los seres humanos. Esta información se pone a disposición de las agencias de reglamentación nacionales, que tomen entonces las medidas que les parecen más apropiadas. En general, hacen una evaluación comparando los beneficios aportados por el producto y los riesgos que induce. A menudo esto provoca una restricción del uso del producto con, por ejemplo, unas normas de exposición más estrictas o una bajada de los niveles de residuos autorizados en los alimentos. Pero en todos los casos el CIRC no tiene poder para prohibir productos químicos, se contenta con hacer una síntesis de los estudios toxicológicos o epidemiológicos disponibles para que las autoridades gubernamentales puedan eventualmente actuar.
- ¿Conoce usted productos químicos que hayan sido clasificados en el grupo 1 y que sigan estando presente en nuestro entorno?
- Para ser franco, todas las sustancias que el CIRC he declarado «cancerígenas para los seres humanos» se siguen utilizando, a veces con unas restricciones de uso muy estrictas…
- ¿Esta clasificación es importante para la industria?
- Por supuesto, porque la clasificación tiene repercusiones de mayor o menor alcance sobre la manera de utilizarse los productos.
- En otros términos; ¿los industriales hacen todo lo posible para evitar que sus productos se clasifiquen en el grupo 1?
- Si… O en el grupo 2, porque eso significa que el producto se sitúa bajo una fuerte vigilancia…
- ¿Cuántos pesticidas han sido evaluados por el CIRC?
- Verdaderamente no los he contado, pero pienso que hemos debido de haber evaluado una veintena o una treintena de pesticidas en toda la historia de nuestro programa - admitió Vincent Cogliano con una sonrisa incomoda.
- Pero, ¡eso no es nada!
- Es cierto que no es mucho si se compara con la cantidad de pesticidas que se utilizan. De hecho, para nosotros es muy difícil hacer una evaluación seria de los pesticidas porque la mayoría de los estudios experimentales que les conciernen no se publican. Efectivamente, se supone que las empresas que producen pesticidas suministran unos datos toxicológicos a las agencias sanitarias nacionales y ellas hacen las pruebas. Los estudios transmiten a las agencias gubernamentales, pero nunca se publican. Para nosotros es muy difícil tener acceso a ellos, porque están protegidos por el secreto comercial. Los únicos pesticidas que hemos podido evaluar son sustancias muy antiguas y tan controvertidas que son objeto de muchos estudios independientes. Como, por ejemplo, el DDT o el lindano, hoy prohibidos en agricultura.

En este momento de la entrevista hay que poner en relieve la magnitud de la «bomba» que me lanzó el director de las monografías del CIRC: en efecto, este afirma que el CIRC es incapaz de evaluar el potencial cancerígeno de los pesticidas porque la inmensa mayoría se lanzaron a al mercado de sobre la base de unos datos toxicológicos que no son «públicos», es decir, cuya calidad no puede ser verificada por nadie. ¡Es simplemente increíble! De ahí mi siguiente pregunta:

- ¿Cómo explica usted que los estudios llevados a cabo por la industria de los pesticidas no se publiquen en revistas científicas de comité de lectura [peer review]?
- Pues… Puede que a las empresas no les interese publicar unos resultados que sugieren que sus productos pueden ser nocivos – me respondió Vincent Cogliano, buscando visiblemente las palabras-. De todos modos no están obligados a hacer públicos sus estudios …

Ahora está claro: los fabricantes de pesticidas hacen unas «pruebas», porque se las exigen las agencias de reglamentación, pero se guardan mucho de publicarlas en revistas científicas en las que serían sometidas a un examen crítico. Esto impide que el CIRC las evalúe, ¡lo que permite a los industriales proclamar alto y claro que «los pesticidas no son cancerígenos»! Bonito juego de manos…





DE DONDE VENIMOS ...

Pag 176-178

... quisiera remontar brevemente en la historia médica de la humanidad. Pasé mucho tiempo en las bibliotecas parisinas consultando libros y tesis doctorales para tratar de responder a esta pregunta fundamental: ¿El cáncer es, como afirman algunos, una enfermedad de la civilización? Y para ser más precisa, ¿su desarrollo está relacionado con el de la actividad industrial? Y de mis múltiples lecturas concluí que, efectivamente el cáncer era una enfermedad muy antigua pero que era extremadamente raro hasta finales del siglo XIX.

En efecto, como explican los autores de La Société cancérigène, «ningún descubrimiento ha establecido nunca que un ser humano hubiera muerto de cáncer antes de la aparición de la agricultura. Se han podido descubrir lesiones infecciosas, raquitismo, traumatismos, pero ningún cáncer». Por otra parte, Jean Guislaine, especialista de la prehistoria y de las civilizaciones neolíticas, señala que el capítulo de las «neoplasias se reduce a nada, ya que no se ha señalado ningún caso de neoplasia maligna auténtica».

Todos los observadores informan de que «la ausencia de localización ósea no demuestra nada en relación a la existencia de posibles tumores malignos de las partes blandas» y hay que establecer «si las poblaciones prehistóricas pagaban el mismo tributo al cáncer que las sociedades actuales».

Todos los observadores informan de que «la descripción más antigua de un cáncer data aproximadamente de 1600 a. C.», como explica la Sociedad Estadounidense del Cáncer. Se encontró en un papiro egipcio descubierto por el cirujano británico Edwin Smith en 1862 y presentaba ocho casos de cáncer de mama para los cuales «no había tratamiento». Según los toxicólogos británicos John Newby y Vyvyan Howard, que consultaron una gran parte de la literatura disponible, se encontraron las «pruebas de un melanoma maligno» (cáncer de la piel) en una momia inca de Perú de unos 2.500 años de antigüedad, mientras que se atribuyen al paleontólogo keniata Luis Leakey el descubrimiento de las huellas de un linfoma en los restos de un Homo erectus.

Prueba de que la enfermedad se había identificado debidamente durante la Antigüedad, la palabra «cáncer» fue inventado por Hipócrates (460-370 a. C.), que observando las ramificaciones que caracterizan los tumores asoció su forma a la de cangrejo (carcinos, en griego). En sus trabajos, aquel a quien se denomina «padre de la medicina» describe varios tipos de cáncer que él explica por un exceso de «bilis negra». El médico romano Celso tradujo después al latín la palabra carcinos al principio de nuestra era.

Por lo tanto, si bien la enfermedad es bien conocida de los antiguos, en cambio sigue siendo «notablemente rara o estando ausente» en los pueblos que permanecieron al margen del desarrollo industrial, como lo demuestra muy claramente el libro Cancer, Diseasa of Civilization? de Vilhjalmur Stefansson (1879-1962), un etnólogo islandés explorador del Ártico, que es una referencia en este dominio. En el prefacio de su obra René Dubos, profesor de biología molecular en el Instituto Rockefeller, señala que el cáncer es desconocido para unos «pueblos primitivos […] mientras nada cambie en su modo de vida ancestral». Esta constatación la confirman los muchos testimonios de médicos viajeros citados por Vilhjalmur Stefansson, como el doctor John Lyman Bulkley, que en 1927 contó en el diario Cancer: «Durante mi viaje de una docena de años entre las diferentes tribus nativas de Alaska no encontré un solo caso de tumor canceroso». Del mismo modo, Joseph Heman Romig, que entonces era el «doctor más celebre de Alaska», testimonió en 1939 que «en treinta años de contactos con esquimales e indios verdaderamente primitivos» no había «encontrado nunca un caso de enfermedad maligna, aunque esto ocurre frecuentemente en cuanto empiezan a modernizarse». Vilhjalmur Stefansson también cita el testimonio del doctor Eugene Payne, que «examinó a uno 60.000 pacientes en algunas partes de Brasil y Ecuador durante un cuarto siglo y no encontró un solo ejemplo de cáncer». O el del doctor Frederick Hoffman que durante el Congreso sobre el Cáncer celebrado en Bruselas en 1923 declaró a propósito de las mujeres bolivianas: «No fui capaz de detectar un solo caso auténtico de enfermedad maligna. Y todos los médicos a los que pude entrevistar me dijeron que nunca habían visto un cáncer de mama entre las mujeres indias».





... A DONDE VAMOS

PARKINSON

Pag 252-256

... otro estudio publicado en 2003, Isabelle Baldi y Pierre Lebailly demostraron que la exposición a los pesticidas, utilizados sobre todo en los viñedos de la región de Gironde, multiplicaba por 5,6 el riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson y por 2,4 el de la enfermedad de Alzheimer (estos resultados son fruto de un estudio prospectivo [bautizado «Paquid»] en el que se siguió durante diez años a 1.507 personas de más de sesenta y cinco años).
...
Autora de obras sobre la enfermedad de Parkinson, Caroline Tanner es una de las neurólogas más prestigiosas de Estados Unidos. Trabaja en un «lugar privilegiado» puesto que el Instituto Parkinson es «a la vez un centro de tratamiento y de investigación»

- Con frecuencia se dice que la enfermedad de Parkinson está en clara progresión en los países industrializados, ¿es cierto?
- De hecho, ¡no sabemos nada! Por una razón muy simple, que no tenemos registros suficientemente antiguos para poder afirmarlo con exactitud. Yo misma me hice esta pregunta y para responderme me fui a China hace unos veinte años, en un momento en el que el proceso de industrialización de la agricultura estaba muy poco avanzado y en el que la enfermedad de Parkinson era muy rara. Dirigí ahí varias investigaciones y puedo decir que hoy la patología se ha vuelto tan corriente como en Estados Unidos. La única explicación es que en veinte años el país se ha industrializado mucho y que desde entonces en China se utilizan los mismos pesticidas que en los países occidentales.



CANCER

Pag 281-283

Cuando trabajaba en la Universidad John Hopkins, Devra Davis se dedicó a estudiar la evolución de la incidencia de los cánceres, sobretodo de los mielomas múltiples y de los tumores cerebrales en hombres de cuarenta y cinco a ochenta y cuatro años. Con su colega Joel Schwartz, un estadístico que se convertirá en un reputado epidemiólogo de la Universidad de Harvard, constató que la tasa de incidencia de estos dos cánceres mortales había aumentado un 30% en el curso de las décadas de 1960-1980.
...
en el curso del mismo periodo (1975-2006) la incidencia del cáncer en los jóvenes estadounidenses de menos de veinte años no ha parado de aumentar. No se conocen las causas de este aumento, pero los cambios son demasiado rápidos para que sean de origen genético. Este aumento tampoco se puede explicar por la llegada de técnicas de diagnóstico más eficientes como la tomografía o la imagen por resonancia magnética nuclear (IRM). En efecto, en el mejor de los casos la llegada de estas técnicas pudo provocar un pico puntual y único en la incidencia de los cánceres, pero no esta progresión estable que se puede observar en un lapso de treinta años.
...
«Otro argumento que se avanza regularmente para explicar el argumento de las enfermedades crónicas es el envejecimiento de la población, ¿qué opina usted?», pregunté a Devra Davis, que esbozo una sonrisa cómplice en cuanto acabé la pregunta. «Por desgracia, este argumento resulta igualmente falaz –me respondió la epidemióloga estadounidense-. Por supuesto, el aumento de esperanza de vida hace que haya más personas susceptibles de tener cáncer. Pero lo que hay que examinar es la evolución de la tasa de incidencia de los cánceres o de las enfermedades neurodegenerativas en las diferentes franjas de edad. Y ahí constatamos que la tasa de incidencia de algunos cánceres se ha duplicado en las personas de más de sesenta y cinco años. Es el caso, por ejemplo, del linfoma no Hodgkin, que se ha duplicado en las mujeres mayores. El envejecimiento de la población no explica por qué en Estados Unidos hay cinco veces más mujeres y hombres que sufren un tumor en el cerebro que en Japón o por qué cada vez más jóvenes de los países de los países occidentales tienen cáncer de testículos o de tiroides. Por no hablar de los cánceres infantiles ¡cuyo aumento no puede deberse al aumento de la esperanza de vida! »

De hecho, como ponían de relieve en 2007 el cancerólogo francés Dominique Belpomme y sus coautores en The International Journal of Oncology: «El factor edad no puede ser determinante, puesto que el aumento de la incidencia de los cánceres se constata en todas las franjas de edad, incluso en los niños». Del mismo modo, un estudio realizado en Inglaterra y en el País de Gales demostró que la edad media de aparición de los cánceres de próstata y de mama, pero también de la leucemia, no dejó de bajar entre 1971 y 1999, lo que significa que las victimas son cada vez más jóvenes. En el mismo periodo los autores señalan que se duplicó la tasa de incidencia del cáncer de próstata, subrayando que era antes de la introducción de la dosificación de la PSA.

«Si el único factor involucrado fuera el envejecimiento, las evoluciones serían más o menos comparables para todos los tipos de cáncer y para ambos sexos, lo que está lejos de ser el caso», señala por su parte André Cicolella en su libro Le Défi des épidémies modernes. El químico y toxicólogo francés pone de relieve que «entre una mujer nacida en 1953 y una mujer nacida en 1913, el riesgo de cáncer de mama se ha multiplicado aproximadamente por tres, mientras que el riesgo de cáncer de pulmón se ha multiplicado por cinco. […] Entre un hombre nacido en 1953 y un hombre nacido en 1913, el riesgo de cáncer de próstata se ha multiplicado por doce, mientras que el riesgo de un cáncer de pulmón ha seguido siendo el mismo»


http://globocan.iarc.fr/


INFERTILIDAD

Pag 455-459

En el momento en que los pioneros de Wingspread forjaban el término «perturbadores endocrinos», un científico danés, Niels Skakkebaek, preparaba la publicación de un estudio que iba a tener el «efecto de un trueno». Con sus colegas del Hospital Universitario de Copenhague «analizó sesenta y un artículos publicados de 1938 a 1990 concernientes a un total de 14.947 hombres fértiles o con buena salud, procedentes de todos los continentes, y puso en evidencia un descenso regular de la producción espermática en el curso del tiempo. En efecto, mientras que los primeros estudios de 1938 informaban de una concentración media de 113 millones de espermatozoides por milímetro de esperma, las últimas publicaciones de 1990 dejaban constancia de una concentración media de 66 millones de por mililitro» En definitiva: ¡la cantidad de espermatozoides contenida en una eyaculación ha descendido a la mitad en menos de cincuenta años!
...
Además, la caída cuantitativa iba acompañada de un descenso de la calidad de los espermatozoides, que presentaban una movilidad reducida y anomalías de forma, lo que provocaba la reducción de la fertilidad. En el libro que firmó junto con Bernard Jégou y Alfred Spina, Pierre Jouannet pone de relieve la duda que volvió suscitar este estudio sin duda muy perturbador: «Estos resultados parecían ir tan en contra de un dato comúnmente admitido (la estabilidad de la producción espérmica) que el prestigioso diario que publicó este artículo (el New England Journal of Medicine) lo hizo evaluar por un estadístico externo».

Como los prejuicios son resistentes, Shanna Swan, una epidemióloga estadounidense retomó en 2000 el metanálisis de Niels Skakkebaek añadiéndole cuarenta publicaciones suplementarias. Y confirmo (definitivamente, y al alza) las conclusiones del equipo danés, puesto que constató un descenso anual medio de la densidad espermática de un 1,5% en Estados Unidos y de un 3% en Europa y en Australia en el periodo 1934-1996.

El revuelo suscitado por su publicación todavía hace sonreír a Niels Skakkebaek, cuya historia contó Theo Colborn en Nuestro Futuro Robado. «Cuando salio mi estudio, todo el mundo centró la atención en la muy espectacular bajada de espermatozoides – me conto cuando lo conocí en su laboratorio de Rigshospitalet, en Copenhague, el 21 de enero de 2010-. Pero para mi el estudio comprendía otra información igual de inquietante, a saber, el aumento de constante de la tasa de cáncer de los testículos, sobre todo en Dinamarca, donde se había multiplicado por tres en 1940 y 1980. Era tanto más inquietante cuanto este aumento no se observaba en la vecina Finlandia, un país esencialmente forestal y muy poco industrializado. Además, yo había constatado la misma diferencia para dos anomalías del aparato genital masculino, cuatro veces más frecuente en Dinamarca que en Filandia: la criptorquidia y la hipospadias».
...
Perturbado por los resultados de su estudio, Niels Skakkebaek entra en contacto con su colega escocés de Richard Sharpe, que había constatado las mismas anomalías reproductivas en el Reino Unido. Examinan juntos la literatura científica y descubren que unas experiencias llevadas a cabo en ratas expuestas al distilbeno, un estrógeno de síntesis, revelaron el mismo tipo de malformaciones congénitas. «Fue así como por primera vez emitimos la hipótesis de que la multiplicación de las anomalías reproductivas se podía deber a una exposición cada vez mayor a estrógenos durante la vida prenatal», me explicó el endocrino y pediatra danés.
- ¿Llevaron a cabo un verdadero trabajo de detective?
- Si, creo que se puede decir algo así, porque entonces ese campo de investigación era completamente nuevo. La suerte que tuve, si puedo decirlo, es que mi investigación fundamentalmente se alimentaba de mi práctica médica, aquí, en el Rigshospitalet, donde muchos hombres que tenían problemas de infertilidad venían a consultarme. Examinando las biopsias de sus testículos, descubrí que estos contenían células precancerosas. El otro hecho inquietante era que las células precancerosas presentes en los testículos de estos hombres infértiles eran similares a las células germinales que se encuentran en los fetos. Estas células no deberían estar en un hombre adulto. Todo indica que algo bloqueó el desarrollo de las células fetales que hubieran debido madurar y evolucionar hacia la producción de esperma, pero se mantuvieron en el estadio de células germinales en los testículos, lo que hace que el hombre naciera con estas células inmaduras. Durante la infancia permanecieron latentes, pero en la pubertad empezaron a multiplicarse para desarrollar finalmente un cáncer.
- ¿Cómo explica este fenómeno?
- La hipótesis mas probable es que las madres estuvieron expuestas a perturbadores endocrinos durante su embarazo, en un momento crucial para el desarrollo del aparato genital del bebé. Esta contaminación prenatal provocó una serie de disfunciones que están todas relacionadas: los problemas de fertilidad, las malformaciones congénitas como la criptorquidia y la hipospadias y el cancer de testículos. Junto con mis colegas bauticé este fenómeno como «síndrome de disgenesia testicular», porque estamos ante varios síntomas que tienen el mismo origen fetal y medioambiental. Esto quiere decir que los hombres que tienen dificultades para procrear tienen que controlarse regularmente, ya que el peligro de que desarrollen un cáncer de testículos antes de los cuarenta años ha aumentado considerablemente.
- ¿Que responde a quienes dicen que el cáncer no tiene nada que ver con la contaminación ambiental, sino que se debe a un aumento de la población mayor?
- No es cierto para el cáncer de testículos porque es característico de hombres jóvenes, de entre veinte y cuarenta años.- me respondió el doctor Skakkebaek-. Los hombres de más de cincuenta años tienen un riesgo casi nulo de desarrollar un tumor de testículos. También resulta que el cáncer de testículos es uno de los cánceres que más a progresado en el curso de los últimos treinta años y la única explicación posible es la contaminación medioambiental.
- ¿Y como proteger a los hombres de estos graves trastornos?
- ¡La única manera de protegerlos es proteger a sus madres! El problema es que los perturbadores endocrinos están en todas partes. Pero hay productos que las mujeres embarazadas deberían evitar a toda costa, como los ftalatos, que se encuentran muchos de los envoltorios plásticos y filmes transparentes de protección de alimentarios, en objetos de PVC, pero también en productos para el cuidado corporal como los champús. Recientemente he publicado un estudio que demuestra que existe una correlación entre la tasa de ftalatos presente en la leche materna, y la de las malformaciones congénitas, como la criptorquidia, en los niños. También hay que evitar los productos que contienen Bisfenol-A, como los recipientes de plástico duro o algunas latas de conserva, pero también las sartenes y cacerolas antiadherentes que contienen ácido perfluorooctanoico (PFOA). Acabo de publicar un estudio que demuestra que los hombres fuertemente impregnados de residuos de PFOA tienen una media de 6,2 millones de espermatozoides en una eyaculación, lo que está cercano al umbral de esterilidad. Y además es preferible comer frutas y verduras procedentes de la agricultura biológica porque muchos pesticidas son perturbadores endocrinos.
- Pero en lo que se refiere al bisfenol o al PFOA, las agencias de reglamentación no dejan de repetir que los residuos que se encuentran en nuestro organismos son desdeñables, ya que están muy por debajo de la ingesta diaria admisible de esos productos: ¿Acaso se equivocan?
- No soy toxicólogo, pero como endocrinólogo puedo decirle que estas sustancias actúan a unas dosis infinitesimales que son muy inferiores a la IDA que se les ha asignado. Todo indica que el sistema de reglamentación no está adaptado a los perturbadores endocrinos.
- ¿Cree usted que la especie humana está en peligro?
- Pienso que la situación es grave. Hoy en Dinamarca un 8% de los niños se conciben por medio de técnicas de procreación asistida como la fecundación in Vitro (FIV), lo cual es mucho, y cada vez son más las parejas que tienen problemas de fertilidad. Es urgente actuar…





INFORMACION DE UTILIDAD PRACTICA

1) No sabemos casi nada. En aquello que no sepas, estás “vendido”. Pero en aquello que encuentres información veraz de toxicidad, evita tal producto. Yo por ejemplo llevaba usando Colgate Total prácticamente desde que apareció (hace 16 años). Ahora he descubierto que su ingrediente “especial” es el Triclosan. Todavía tengo en casa 8 tubos antiguos, que no pienso utilizar, ni regalar. Quizás se los envíe a Colgate con una carta de “agradecimiento”.

http://www.toxies.com/files/Triclosan_esp.pdf

2) Recomendación de hacer deporte (y sauna). Una de las terapias para los enfermos de sensibilidad química múltiple, es tratar de desintoxicar una pequeña parte de los tóxicos acumulados en el cuerpo, haciendo primero un poco de deporte (si el enfermo no se ahoga), y tras ello una sesión de sauna. Quizás es por esto, que el deporte es un factor de protección frente a la diabetes.

3) Recomendación de comer menos carne.

Los compuestos orgánicos persistentes (COP) se acumulan en los tejidos grasos del organismo humano, sin que puedan ser eliminados. La principal vía de entrada en el cuerpo humano es través de las grasas de origen animal.

https://www.fundaciondiabetes.org/adjuntos/07_2012%5C32.pdf

4) Evita comer salmón, y pescados grandes, por su elevada concentración de metales pesados.

http://elpais.com/diario/2011/07/01/sociedad/1309471203_850215.html

5) Si es económicamente posible, compra frutas y verduras ecológicas. Si no es posible, se aconseja al menos lavar y pelar siempre las frutas y hortalizas, y consumir asiduamente “verduras anticáncer” (ver final de este post)

6) Abandona completamente el uso del suavizante y de insecticidas (tóxicos directos a nuestro cuerpo)

http://nofun-eva.blogspot.com.es/2011/09/detergentes-y-suavizantes-perfumados.html

7) Compra el siguiente kit de limpieza y aseo personal, y comprueba que el bicarbonato realmente lava la ropa. Si los productos seleccionados son inocuos para personas con sensibilidad química múltiple, entonces son seguros para el resto.

8) Compra conservas en cristal. No compres comida enlatada, porque contiene Bisfenol A. Por ejemplo uno puede comprar aceite de oliva ecológico que está garantizado en origen plenamente libre de pesticidas, y sin embargo el plástico con el que se recubre el interior de toda lata, seguramente contenga Bisfenol A.

9) Reconoce los tipos de plásticos. Evita numeración impar salvo el 5. Es decir, evita 1 PET, 3 (ftalatos) y 7 (Bisfenol-A).

http://intercambia.net/temas/index.php/toxicos-ambientales/

El famoso plástico PET está actualmente en “sospecha” desde el siguiente estudio.

http://www.clubsportif.de/tl_files/downloads/PDF/fulltext%20hormone%20water.pdf

Contraofensiva:
http://www.plasticseurope.co.uk/plastics-industry/our-views/endocrine-disruptors-in-bottled-mineral-water.aspx

10) Abandona las colonias (sobretodo durante el embarazo), y todo lo aromático dentro del hogar (ftalatos)


http://conceivegreen.net/perfume-stinks/



Lista de marcas libres de tóxicos:

http://www.prenatal.tv/lecturas/GreenpeaceGuiaSinToxicos.pdf


Conoce los aditivos alimentarios:

http://aditivos-alimentarios.blogspot.com.es/






3 comentarios:

Carles dijo...

No me he leído el libro, pero vi hace un tiempo el documental en el que se basa y, desde luego, pocas dudas deja en el aire sobre todo esto:

http://www.youtube.com/watch?v=iKaxZ8LKrAA

Felicidades por el blog. Sigo con el otro post, de título tan chocante.

Carles dijo...

Ah, vaya, ya veo que has incluido un fragmento en el otro post. En cualquier caso, recomiendo verlo entero.

renovablessinlimites dijo...

Cierto Carles. Es muy recomendable ver el documental entero, aunque todavía más leer el libro.

El libro es como si el documental durara 5 horas (con muchísima información).

Un saludo.